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No permitas que tus emociones griten, aprende a escuchar sus susurros.

Y para ello hay que entrenarse, hay que estar atenta.

¿Te ha pasado alguna vez que has decidido empezar a cuidarte porque ya “estabas fatal” o “has tocado fondo”?

Si eso ha servido para hacer un cambio, para decidir poner el foco en ti, está bien. No te culpes por ello. Todas nuestras experiencias, de forma más o menos amable, nos enseñan algo.

Entonces, ¿y si usamos esos aprendizajes para evitar vernos absorbidas de nuevo en esas espirales?

¿Alguna vez has explotado ante una situación y más tarde te has dado cuenta que realmente no era tan importante? Si eres sincera contigo, puede ser que reconozcas que esa reacción fue desproporcionada.

O quizás piensas que tus emociones pasan de 0 a 100 en algunas ocasiones, y que no has podido controlarte. 

Tendemos a identificarnos con las emociones cuando ya estamos completamente dominadas por ellas, a tomar acción cuando nos sentimos totalmente abrumadas.

Y nos preguntamos: ¿cómo he llegado hasta aquí?¿En qué momento empezó todo esto?

Sin darnos cuenta, ignoramos las señales que nos manda nuestro cuerpo y se han ido acumulando la tensión y el malestar, apoderándose lentamente de nosotras.

Esa información, esos mensajes inicialmente sutiles, son de gran valor para nuestro autoconocimiento y para una adecuada gestión emocional.

Así que no pasamos de 0 a 100 en un segundo, lo que pasa es que no nos hemos dado cuenta que el marcador de nuestras emociones ha ido subiendo hasta que llega a puntuaciones muy elevadas (a veces incontrolables).

Cómo puedo trabajar en eso: tomando consciencia.

Empezando a tirar del hilo para deshacer el camino. Ir hacia atrás.

1. Detectar ese momento de “explosión” o de “tocar fondo” y detenerme a analizarlo.

2. ¿Qué ha pasado antes? Qué pensaba, qué sentía, qué sensaciones notaba en mi cuerpo… ¿Tensión?¿Empecé a elevar el tono de voz?¿Me sentía con poca energía?¿No tenía ganas de hacer nada?¿Hacía algo que era contrario a mis pensamientos?¿Pasaba por alto lo que sentía?¿Quise complacer a los demás? 

En resumen, qué es lo que he pasado por alto, aquellas señales que he ignorado y que me han llevado hasta donde estoy.

3. Seguir preguntándome esto me dará pistas de todos aquellos detonantes que han ido incrementando mi malestar y en los que no me he detenido a observar o resolver.

A veces esas señales aparecen en forma de cansancio, un comentario desafortunado, una queja, un dolor de cabeza, una agitación en el pecho… Y pueden ser muy sutiles. Las reconocemos cuando no podemos más, se han ido encadenado, sumando hasta que estamos agotadas, nos sentimos angustiadas o con ansiedad.

Por eso es tan importante que nos observemos a nosotras mismas, que nos demos un espacio para escuchar estos pequeños (pero poderosos) mensajes que nos indican que nos estamos alejando de nuestro centro.

Escúchate. Escucha a tu cuerpo.

Es crucial cómo te relacionas contigo para atender a estas señales.