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Siempre me ha gustado andar descalza, desde pequeña. Sentir el contacto con el suelo, tanto dentro como fuera de casa. Recuerdo a mis padres en muchas ocasiones diciéndome que me haría daño caminando sin zapatos por el patio o que me pondría enferma.

Spoiler: seguí y sigo andando descalza por todas partes. 

Lo que no sabía era el increíble poder sanador que tiene el hecho de quitarse los zapatos para los seres humanos.

Tengo la suerte de vivir muy muy cerquita del río que pasa por mi pueblo. Algo que me gusta hacer, sobre todo desde que empezó todo esto del confinamiento, es salir a caminar hasta el río e ir a sentarme allí, con los pies descalzos en el agua. Me encanta. Simplemente me siento en una roca, respiro, escucho un podcast… pero tengo que confesar que esto lo hago muy poco. Cuando me decido a hacerlo es en momentos en los que mi cuerpo y mi mente me dicen que no puedo más. Trabajo muchas horas desde casa y hay semanas en las que me doy cuenta que solo salgo para ir al trabajo y a comprar, hasta que llega un punto que mi cuerpo me pide naturaleza. No sé muy bien cómo explicarlo pero así lo siento, es casi como una necesidad.

La naturaleza nos transmite calma, nos ayuda a sentirnos mejor y recuperar el equilibrio, lo que muchas veces no sabemos es que el contacto directo con la naturaleza modifica nuestro cuerpo. Cambia nuestra carga electromagnética. Reduce la inflamación. Inflamación que es la causante de enfermedades tanto físicas como mentales. 

La sociedad evoluciona rápido y nos ha llevado a estar muy desconectados de nuestro planeta, solo tenemos que observar todo lo que estamos viviendo… 

Si nos remontamos al pasado, nuestros ancestros vivían en estrecha relación con la tierra pero esto ha cambiado, y mucho, y no nos planteamos las consecuencias de perder nuestra conexión (eléctrica) con el planeta.

Fíjate: vivimos en una desconexión permanente, día tras día. Casas, colegios, lugares de trabajo, calles… estamos siempre en contacto con distintos materiales que hacen de barrera del suelo natural y además, aislados de la tierra por zapatos con suela sintética. Podemos estar en medio de la naturaleza pero aislados de ella sin darnos cuenta debido a nuestros zapatos.

Imagina un día cualquiera de tu vida, ¿cuántas veces estás en contacto directo con la superficie del planeta, sin que nada se interponga entre ti y el suelo? Asfalto, madera, hormigón, zapatos…

¿Qué es el earthing y cómo funciona?

El earthing o grounding hace referencia a la conexión física existente entre las frecuencias eléctricas del cuerpo humano y las del planeta.

Somos seres bioeléctricos y la tierra posee un campo magnético muy poderoso.

Cuando no tenemos carga negativa (electrones) aparece la inflamación en nuestro cuerpo y con ella los problemas. La superficie de la tierra está dotada de electrones y podemos obtenerlos a través de nuestros pies, mediante el contacto de la piel con la tierra.

Verás, no soy experta ni es mi objetivo ponerme demasiado técnica (porque yo misma me perdería en algo que no domino). Mi intención es solo transmitir que no se trata de una idea volátil ni que se reserva sólo para aquellos más conectados con su espiritualidad.

Existen numerosos estudios publicados, cada vez más, acerca de los beneficios de esta sencilla (y a la vez olvidada) práctica. En todas las edades, para diferentes patología.

Te nombro algunos de ellos:

  • Calma la inflamación y mejora los trastornos relacionados con ella.
  • Mejora el sueño.
  • Reduce el dolor crónico.
  • Incrementa los niveles de energía.
  • Normaliza los ritmos biológicos del cuerpo.
  • Mejora la presión y el riego sanguíneo.
  • Alivia el dolor de cabeza y la tensión muscular.
  • Acelera los procesos de recuperación y sanación.
  • Reduce el jet lag.
  • Reduce los síntomas hormonales y menstruales.

¿Cuesta de creer? Sal fuera y ¡quítate los zapatos! Compruébalo por ti misma. ¿Qué daño puede hacerte poner los pies en la tierra?

No tienes nada que perder pero sí mucho que ganar. Camina por la montaña, báñate en el mar, quítate la ropa y túmbate en el césped, siéntate en un parque con los pies descalzos, juega con tus hijos en el jardín…

Si te animas a ponerlo en práctica no dudes en compartirme tu experiencia, me encantará saber cómo te has sentido.